❝La investigación en el desarrollo del lenguaje❞ ᴾᵃʳᶜᶦᵃˡ ¹

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Los estudios e investigaciones sobre el lenguaje aparecen con bastante frecuencia y amplitud en la bibliografía. Todas esas investigaciones han aportado conocimientos sobre el surgimiento, los factores causales y coincidentes, su devenir evolutivo y las relaciones con otros procesos y funciones psíquicas, más, el hecho mismo de ser el lenguaje un producto social, surgido de la necesidad del hombre de comunicarse durante el proceso del trabajo, determina los factores socioculturales tienen una incidencia considerable en el nivel de desarrollo del lenguaje.

Muchas investigaciones han estado dirigidas desde un enfoque cuantitativo, positivista, que ha almacenado una gran cantidad de datos empíricos que, sin dejar de ser importantes, no tienen una gran significación por no relacionarse estrechamente con la base teórica que pudiera sustentarlos.

A su vez, el propio desarrollo del conocimiento sobre el proceso del lenguaje, ha hecho que las líneas teóricas que han fundamentado estos estudios, hayan variado con el tiempo y se conceptúen de manera diferente a lo que era usual en un momento anterior. Un ejemplo de esto es el enfoque que a partir de Skinner comienza a tener la investigación del lenguaje, que ha de plantear el análisis funcional del lenguaje, sentado en las bases de la distinción entre los aspectos formales y funcionales de este proceso, la naturaleza interactiva del comportamiento verbal, la relación del aprendizaje con la adquisición del lenguaje, entre otros aspectos, que rompe con el concepto de lenguaje propuesto por la lingüística formal tradicional, y que los propios discípulos de Chomsky comienzan a plantear.

Por otra parte diversas ciencias han abordado estos estudios, y así se observa que predominan las investigaciones de una base lingüística, e igualmente de aquellas relacionadas con el lenguaje defectuoso y los consiguientes trastornos, siendo mucho menor en número los relacionados con el enfoque psicológico de este proceso, o los modos de acción pedagógicos para garantizar el pleno desarrollo del lenguaje, de acuerdo con lo esperable en cada etapa de la vida del niño.  

Los estudios sobre el vocabulario son harto interesantes, a pesar de su enfoque cuantitativo. Establecer un número dado de palabras en una edad determinada, sin entrar a considerar el entorno social en que se desenvuelve, o la calidad del proceso psíquico que involucra, pueden conducir a enfoques desacertados en el análisis. 

Los estudios de Jean Piaget sobre el lenguaje, y particularmente sobre el leguaje egocéntrico, marcan un hito en el conocimiento de este proceso, independientemente de su diatriba con Vigotski. Esto no ha sido resuelto del todo aún en la actualidad, e investigaciones recientes realizadas por L. Berk y sus colaboradores, de la Universidad de Illinois, y por el grupo de R. M. Díaz de la Universidad de Stanford, llegan a resultados divergentes respecto a la significación de este lenguaje egocéntrico, o habla para sí, y de sus resultados en el proceso intelectual de los preescolares, manteniendo vigente esta discusión. Los datos de Berk demuestran que los niños que usan el habla para sí obtienen mayores resultados en sus procesos intelectuales, basado en la tesis de Vigotski de que este tipo de lenguaje ayuda al niño a dirigir sus acciones, y por lo tanto, estimulan a que padres y educadores no repriman este tipo de acción verbal en los niños, mientras que los de Díaz y Frauenglass, una de sus colaboradoras, plantean que esta habla para sí no es universal y que los niños que mostraron este tipo de lenguaje tuvieron un peor rendimiento intelectual, atribuyendo su divergencia al uso de la experiencia en el laboratorio, en lugar del medio habitual de los niños.

J. Perel plantea una teoría, derivada de sus datos experimentales, que establece que las primeras manifestaciones sonoras de los niños están asociadas a sonidos producidos por órganos que tienen en dicho momento un mejor desarrollo que otros. En este sentido los labios, las mejillas y la lengua (que están tempranamente asociados activamente al llanto, la risa, la succión y la masticación) tienen una mayor maduración relativa que el resto de las estructuras fonatorio-motoras que intervienen en el lenguaje oral, y como consecuencia de esto, van a surgir primero las vocales anteriores (e, i), luego la vocal media (a) y más tarde las posteriores (o, u), considerando el lugar del levantamiento de la lengua; de igual manera va a suceder con las consonantes, que toman en consideración el lugar de articulación: primero las posteriores (j, g, k) que son linguovelares, las bilabiales (p, b, m), las labiodentales (f), las linguopalatales (ñ, ch, y), las linguodentales (t, d, s) y finalmente las linguoalveolares (n, l, rr). Estos resultados de J. Perel están estrechamente relacionados con posiciones teóricas que destacan el papel predominante de las estructuras fonatorio-motoras en la emisión verbal del niño.

Gvezdov, en sus investigaciones dentro de esta misma línea conceptual, plantea en contradicción con los resultados cuantitativos en el desarrollo del vocabulario, que establecer determinada cantidad de palabras sin referirse a su contenido no puede caracterizar al vocabulario, y que el aumento de las palabras no se basa en un incremento cuantitativo, sino en el desarrollo del aspecto semántico de las palabras, considerando que lo más esencial es la asimilación de la estructura gramatical de la lengua natal. 

Pineda, dentro de la línea neoconductista, plantea que el comportamiento del desarrollo lingüístico solo puede ser entendido a partir del análisis de la relación del niño que se desarrolla con los agentes socializantes que le rodean, y que el análisis de la conducta lingüística ha de estar dirigido a establecer la ontogenia de dicha interacción, y como se afectan mutuamente adulto y niño en los diferentes momentos del desarrollo. Este planteamiento reviste una importancia particular para enfocar el desarrollo del lenguaje en el niño, no como una simple asimilación de una imitación, sino como un proceso activo dado entre él y los adultos que le rodean, lo que tiene implicaciones para la elaboración de un sistema de influencias educativas dirigido a la asimilación de la lengua materna.

 F. Martínez Mendoza y sus colaboradores, han realizado importantes investigaciones en relación con el desarrollo del lenguaje, dentro de la línea psicológica y pedagógica de abordaje de estos problemas. Una de sus primeras investigaciones trató sobre los medios para el desarrollo del lenguaje en los niños de dos a tres años mediante las actividades pedagógicas que se realizan en el centro infantil, encontrando que el tiempo dedicado a la ejercitación es un factor importante dentro de estas actividades pedagógicas para el incremento de la amplitud del vocabulario y la eliminación o reducción de las dificultades fonéticas en la pronunciación en estas edades, que deben incluir contenidos específicos dirigidos, puesto que en el transcurso del lenguaje espontáneo no se observa un aumento significativo del mismo, y que entre los métodos apropiados la combinación de los cuentos o relatos apoyados por láminas resultan eficaces para incrementar el vocabulario de los niños, dada la dificultad de los mismos de poder estructurar mentalmente la acción verbalizada sin este apoyo visual. 

Así llegamos a la conclusión que para aprender a leer, en el verdadero sentido de la palabra, hay que partir de la formación de la acción, que en este caso consiste, en su etapa inicial, en la reproducción de los sonidos de las palabras, partiendo de su modelación gráfica. La acción en su formación pasa por etapas en las que se generaliza, se reduce y se automatiza hasta convertirse en una operación, en un medio para llevar a cabo una nueva acción: la comprensión de oraciones, que siempre ha de acompañarse de otro tipo de relaciones, las sintácticas.





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